miércoles, 25 de enero de 2012

Capítulo 2.


-Sandy, despierta, vas a perder el autobús a clase. Llevo un montón de tiempo llamándote y cuando parece que te vas a despertar te vuelves a dormir.
-¡Es verdad, llego tarde!
-¡Corre, vístete, el desayuno está servido!
-A noche estaba muy cansada y esta mañana seguía estándolo.
Ya son las ocho menos veinte, el autobús pasa a menos cuarto, supongo que me tocará ir en bicicleta o que me lleve mi madre, aun que a lo mejor así ya le entra en la cabeza que necesito un ciclomotor, aquí todo el mundo tiene uno, son como las bicicletas en China.
Y se me escapó una pequeña carcajada al pensar eso.
Me colgué mi mochila de un hombro, y me despedí de todos. Mi padre ya había ido a trabajar; y supongo, que mi hermano estaría en clase, no lo vi a noche y por la mañana tampoco. No se donde se meterá.
Salgo a la calle, hace frío, y lo odio, estoy deseando que lleguen esos días veraniegos de viajes y playa.
El autobús está al doblar la esquina, espero que no se me haya escapado.
Ya llevo mis auriculares colgados al cuello, soy de las que piensan que la vida sin música no tendría sentido, y que hay una canción para cada momento del día.
Menos mal, el autobús aun esta hay, va a cerrar las puertas. Echo a correr, muy rápido, la calle no es muy larga, pero si no me ve, se irá; obvio.
Me ve, vuelve a abrir las puertas.
-Sandy, siempre eres la misma.
-Es que la cama me necesita entre sus sábanas.
Y el conductor me suelta una sonrisa.
-Venga pasa.
Paso, casi todos los asientos están ocupados, veo uno al fondo, al lado de una chica, creo que es nueva; camino hasta él mirando de un lado para otro por curiosear la gente que hay en él, es una manía, quizás lo haga sin darme cuenta.
-Perdona, ¿esta ocupado?
-No, puedes sentarte.
-Muchas gracias.
Creo que la chica tiene unos años menos que yo.
-¿Cuántos años tienes?
-Quince. ¿Y tú?
-Diecisiete.
-Y tu nombre es…
-Sandy. –Le corto antes de que acabe la frase. -¿Y tú?
-Me llamo Nicky.
-Encantada.
Y las dos soltamos una sonrisa simpática; pienso que no puedo establecer mas conversación con una persona a la que no conozco de nada, podría resultarle incomodo, así que dejo así la conversación ahí, y ella también lo hace.
Hemos llegado al instituto. Me levanto, y Nicky sale casi corriendo mientras me mira y dice adiós, casi sin vocalizar.
Al bajar del autobús, veo que todas mis amigas han entrado ya ha clase. Así que, me dispongo ha hacer lo mismo.


Más tarde.
Son las dos, el colegio ha finalizado. Nos reunimos todas las amigas, por segunda vez en el día, después del patio, claro.
Cada una damos un tipo de bachiller distinto, por lo tanto no estamos en las mismas clases, siempre nos juntamos en el patio, para salir y después del colegio, es decir, en todos sitios menos en clase.
-¿Qué tal os ha ido el día?
-Bien, ¿Alguien sabe donde esta Alexandra?
-No, yo no la he visto en todo el día, y vamos a casi todas las clases juntas, supongo que las demás tampoco la habréis visto.
Y de repente, la menos habladora de todas nosotras, Laura, española, que vive aquí, en Londres, desde hace poco, comenta:
-Creo que Alexandra se había peleado con su novio, anoche hablé con ella y estaba fatal… Supongo que no habrá venido por eso.
-Pobrecita… estará destrozada. –Dije yo caminando hacia atrás como símbolo de que me marchaba. –Chicas me tengo que ir, lo siento. Ya hablamos.
Y Angie se me acercó por detrás y me dijo a la oreja si nos veíamos esta tarde, yo, afirme con la cabeza.

Iba camino a casa, mi cabeza solo sabía repetir su nombre, una y otra vez, no podía más, esto era superior a mí. Recordaba su sonrisa, sus bromas, recordaba sus movimientos; todo rondaba dentro de mi sin para, necesitaba unas vacaciones, necesitaba algo que me ayudara a olvidarlo todo, pero, sinceramente, no estaba segura de querer olvidarlo.
Angie solo sabía repetir una y otra vez que un clavo sacaba a otro clavo, que debía olvidar a Josh y todo eso, pero para mí, nada era tan fácil.

Llegué a casa, todos estaban sentados, supongo que me esperarían a mi, probablemente me retrase andando.
Todos me saludan y nos sentamos a comer, ninguno de nosotros tiene nada que contar, mamá y papá hablan de su trabajo, y James y yo, comemos en silencio.
Suena mi móvil. Me levantó, y rápidamente voy hacia mi habitación.
-Dime.
-Hola. –Dice Angie alegremente, su voz es inconfundible.
-Estoy comiendo.
-Madre mía, que arisca estas últimamente.
-No es mi culpa… es que me estoy torturando sin querer.
-Sandy, olvídalo de una maldita vez.
-No puedo, no quiero. –Eso ultimo se me escapó, o quizá no.
-Necesitas conocer gente.
-Es que no quiero otra persona.
-Quedamos esta tarde, y me lo vuelves a contar todo, todo lo que empezaste a sentir, poco a poco, y te descargar.
-Venga. Me parece bien. Me llaman para comer, a las siete en mi casa.
-Adiós.

Tenía razón, últimamente estaba muy sosa, pero, no conocía a ninguna otra persona que me pudiera ayudar a olvidarle, nunca había sentido nada igual.

martes, 24 de enero de 2012

Capitulo 1.


Noche fría de otoño. Paseo largo, interminable. Hojas caídas por el suelo. Las manos apretadas y congeladas dentro del bolsillo. El gorro rosa en la cabeza. Soledad en esa calle. Yo caminaba lenta, estaba cansada. El lugar no estaba muy alumbrado, la verdad, de día era precioso, y de noche también, pero en compañía, cosa que yo no tenía.
-Sandy.
Me quito los auriculares, suena esa canción, mi canción. Miro para atrás, y esta Angie, si, ella, mi mejor amiga desde hace dos años, ya casi tres.
-Vengo corriendo detrás de ti, y no me haces ni caso.
-Lo siento, escuchaba música.
-Te has dejado las llaves de tu casa.
-Lo olvide por completo, últimamente tengo la cabeza en otra parte, muchísimas gracias.
-De nada, para eso estoy.
-Después de una larga tarde contigo, no tengo nada más que contar.
Y Angie suelta una gran carcajada, la verdad, yo no soy tan risueña.
-Pues nada, mañana nos vemos.- Y me suelta un beso en la mejilla.
-Chao.-Digo en voz baja.
Vuelvo a colocar los auriculares sobre mis orejas, la canción ya acabó, ahora suena otra inglesa, que en estos momentos no me gusta, la paso.
Retomo el paso, cada vez siento que voy más deprisa, siento una rara sensación de odiar esa soledad y a la vez agradarme, un tanto indescriptible.
Llevo mi mochila con mi cámara Canon, mi amada cámara; después de una larguísima tarde de fotos con Angie, estoy reventada, y solo son las ocho de la tarde.
No me apetece nada, estoy desganada, no entiendo que me pasa.
De todos los caminos siempre cojo el mas difícil, él, él era el más difícil de todos, y decidí cogerlo, y ahora estoy aquí pensando en si de verdad quiero o no quiero olvidarlo. No tengo nada claro. Me mente es un cúmulo de dudas, preguntas. Solo se que lo estoy pasando mal, que cuando oigo su nombre mi mente se vuelve loca, y mi cuerpo responde de manera rara, me sale esa sonrisa, esa tan famosa, y me sonrojo; es muy desagradable. Hay noches, bueno, en la mayoría de noches pienso en el, cuando despierto y veo que todo es mentira, una grande tristeza recorre mi cuerpo de punta a punta.
Es que recuerdo cada momento, cada palabra, cada gesto, cada situación, y eso que ya han pasado seis meses, pero no puedo hacer nada, lo recuerdo sin mas, es involuntario.
Ya estoy en casa, en la plaza, casi en la puerta, en la puerta de mi Bungalow de dos plantas más cochera, hace poco que vivimos ahí, hace muy poco, mejor dicho. La verdad es que me encantaba ese lugar, estaba céntrico, me daba sol cuando tenia frío por ese amplio ventanal, bueno, me gustaba.
Agarro la llave con mis dos manos, y paso, paso el pequeño jardín, como el de todos mis vecinos, y llego a casa, dejo la mochila en la habitación y me tiro al sofá, necesitaba estar sola en un lugar calido.
Suena el teléfono, el horrible ruido de los fijos de toda la vida, es muy desagradable, así que voy corriendo ha cogerlo.
-¿Si?
-Sandy, soy yo.
-¿Y quien es yo?
-Angie, ¿quien va a ser si no?
Me río para no dejarla mal y ella continúa hablando.
-Tengo llamadas gratis en el fijo y me aburro, no se si piíllas la indirecta directa.
-Pues si, la pillo, la verdad. Y bien, ¿de que quieres hablar?
-Pues de todo, de ti, de mi, de todo.
-Si ya te lo he contado todo. Y creo que tu a mi también.
-¿Has hecho los deberes para mañana?
-No, la verdad.
-Hazlos, se que últimamente no estas bien, pero esto es importante, las notas son importantes, ¿o que quieres que luego tu madre no te deje salir?
-Vale, ahora los hago. Necesito fumar, ¿te acuerdas en que parte de la habitación dejaste el paquete escondido cuando entro mi madre y casi te piílla con el mechero?
-Fue muy bueno, me puse nerviosísima.
-Si, y si te llegan a pillar nos la cargamos, ya sabes que para mi madre eres una mas de la familia.
-Ya, pero no nos pillo, es lo importante.
-Bueno, ¿y donde está?
-Entre tu colchón y el suelo, en la caja de zapatos amarilla que se ve.
-Si, lo veo.
-De nada.
-Gracias.
Y las dos reímos sin motivo como solemos hacer normalmente.
-Cuidado que no te pille tu madre fumando en casa.
-Lo se.- Comento mientras me enchufo el cigarro y tiro el humo. Y después añado.-Me apetecía muchísimo.
-Estas viciándote.
-¿Qué mas da?
-Pues da, eso es perjudicial para ti.
-Me lo dejare, no te preocupes.
-Bueno te tengo que colgar que mi madre me llama para cenar.
-Si, la mía llegará en poco tiempo, me hago los ejercicios y me acuesto, estoy reventada.
-Venga, adiós.
-Buenas noches.
Suenan unas llames en el exterior me pongo muy nerviosa, abro el libro corriendo, me doy cuenta de que el cigarro está encendido y apoyado en el cenicero.
-Hola, ya estoy en casa.
Corro, tiro lo que queda de cigarro por la ventana, por suerte cae al jardín del vecino, pero, ¿Qué hago con el cenicero? Se escucha como se suben las escaleras, y no tengo mas remedio que meterlo a un cajón, y sentarme, luego ya me las apañare para sacarlo de aquí.
-Hola mamá.
-Hola, ¿no ha llegado tu padre?
-No, todavía no, ¿Qué hora es?
-Ya son las diez.
-¿Ya? Estoy reventada.
-Venga acaba esos ejercicios. ¿Dónde esta James?
-No lo se, déjalo, estará en la biblioteca estudiando, no creo que tarde mucho en venir, sabes que siempre dice que la universidad es muy difícil.
-Vale, voy a preparar algo de cenar.
-Vale.
Me dispongo ha hacerme los pocos ejercicios que ha mandado a toda prisa. Solo son cuatro, pero creo que lo mejor será no salir nunca más los miércoles por la tarde, los jueves hay instituto.